De las despedidas y la pérdida prematura.
Jamás en mi vida creí escribir alguna vez de un tema así de sensible y mucho menos ser la protagonista de estos sentires tan extraños con los que me topé hace algunos meses, he decidido que es momento de procesarlos en todo mi cuerpo, dejando que lo que tenga que llegar se haga presente para dejar de una vez por todas de huir de la realidad, de lo que sucedió y ya no se puede cambiar.
Una mujer pasa por distintas etapas en su vida que la hacen cambiar de muchísimas formas para adaptarse a su entorno, tal vez sea por necesidad intrínseca de este o de un ímpetu personal por transiconar a nuevos caminos de la existencia, mi vivencia particularmente la contaré desde la crudeza del dolor que me paralizó las extremidades y liquidó a mi mente en una constante de pena, desgracia y arrepentimiento.
¿Alguno de ustedes conoce las ilusiones? Ese ápice de imaginación que te transporta a una posibilidad que con todo tu corazón deseas que te sea concedido, pidiéndoselo al universo, a la estrella fugaz, al viento, o incluso a dios, ese "algo" que cedes a ese todo poderoso que con tantita piedad podría otorgartelo, si saben a lo que me refiero, ¿para ustedes que ha sido?
Hace tiempo perdí algo, algo que sentí que me fue arrebatado injustamente, diariamente intento convencerme de que fue por un motivo superior a mi entendimiento pero que desgarra mi consciencia, de algún modo me atiborra de culpa y corrompe mi tranquilidad, te mueve por dentro y se lleva consigo todo lo que concebías como cierto, modifica tu madurez, moldea tu pensamiento profundamente para no dejarte escapar, si pudiera describirlo de manera más conscisa, es la muerte literal de un pedazo de ti.
No soy alguien inocente, conozco perfectamente al mundo, su actuar, sus modos y sus ventiscas, es por ello que pienso que sigo en pie, estoy acostumbrada a obtener todo lo que quiero bajo los métodos del esfuerzo, disciplina y constancia, pero, ¿y qué si esa fórmula no me sirve para alcanzar mis anhelos?
Dentro de mi ha existido un rumiante deseo por la edificación, una total construcción ambiciosa de tener una familia, mía de mi, que provenga de mi decisión, que su origen sea materno, y cuando tuve ese momento ocurriendo en mi vientre, fue la experiencia más recocijante, llena de plenitud y un amor inconmensurable hacia la vida misma, aquella formándose en un rincón de mi persona, una sensación de conexión con algo que solo parecía posible en tus sueños.
Más detalles acerca de lo ocurrido no son propicios de establecer en este vaciado, por lo consecuente quiero plasmar el sentimiento de extremo desamparo e injusticia que tengo hacia mi cuerpo, el resentimiento que siento por mi propio ser de no haber sido capaz de sostener a la segunda vida, de haber tenido a la vitalidad consumida tan prontamente y haber fallado como mujer.
Extraño a alguien que nunca pude llegar a conocer, abrazar o cuidar, una orugita que no pudo llegar a eclosionar, un pedacito de alguien más a quien amaba e iba a tener los mismos ojitos brillantes, su idéntica naricita, su tez distinguida, que en algún momento visualicé en los rincones de la casa jugando y danzando, disfrutando de respirar, de sentir el aire en sus cachetes, de caminar en la hierba con los pies descalzos, de admirar el inalcanzable cielo, de escuchar la música proveniente del estudio de su padre y de ser esa extensión de si que siempre recordaré.



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