Azcapotzalco

CCH Azcapotzalco

Mantuve una relación durante 3 años de mi adolescencia con un pictórico lugar; Un sitio de rejas amarillas e inmensos árboles, de murales pintorescos con mirada crítica y un sólido piso político.

CCH Azcapotzalco fue mi segunda casa por un tiempo, me vió siendo aún una niña que estaba deseosa de descubrir quien era, que había allá afuera. Siempre fue mi ambición entrar a la UNAM, y especificamente a ese plantel, tenía algo que siempre me atrajo, fue algo magnético entre Azcapotzalco y mi aún inexperta planeación.

Después de todo, fue el sitio donde descubrí mi vocación, ahí conocí a Goooya, desde ese punto lo que se fue dando fue cosa del destino; Inicié muchos emprendimientos, encontré a muchos amigos, cambié de estilo una y mil veces, me reinventé de maneras inesperadas, y siempre pequé de inocencia al pensar que esta etapa jamás culminaría, pero, ya lo hizo.


Es realmente impactante lo mucho que te puede marcar un recopilado de días, meses y años, pero, siendo brutalmente honesta, la gente fue la que hizo tan memorable este momento de mi juventud, repleta de cambios trascendentales para mi formación como individua que es parte de una comunidad universitaria.

Este lugar será eternamente símbolo de pertenencia de esta autora, razón de nostalgia y recordatorio de su rebelde ímpetu de estudiar en la ciudad y entregarle mi corazón a la UNAM. Deseo hacerle tributo a todas aquellas personas que me construyeron como sujeto, para dejar de ser solo yo, y ustedes formaran parte de mí: 

A mis amigos, Miguel, Yael, Axel, Gustavo, Fernando, Yeray, Patricio.

A mis amigas, Jennifer, Magaly, Vanessa, Camila, Andrea, Mía.

A mis profesores, Ángel Daniel, Fermín, Julio, Cristina, Viridiana, Hassibi, Daniel Fuentes, José Luis Quezada. 

A mis colegas, Rubén Jímenez y Josué Bonilla.

A mis inspiraciones, Pablo Padilla, Magdalena Pérez, Demian Pavón, Mariana Vega.

Gratitud.




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