"Un alma vieja atrapada en un cuerpo joven"

-¿Soy una adulta chiquita?

 No soy especial, solo he crecido percibiéndome ajena a todas las personas, pero,  conectada al  “todo” del que "todo mundo" se siente separado, tal sentir, me impuso socialmente una etiqueta: “alma vieja”, ¿será? O, ¿la sociedad está infantilizada y cada vez menos humana? ¿qué ocasiona la pérdida de sensibilidad? o ¿qué explica el "exceso" de ella?

El conocimiento 

Siendo una infanta, y recordando con claridad, desde el principio identifiqué mis pensamientos y su hechura, de algún modo, gracias a esa habilidad proveniente de la supervivencia pura, de ordenar al caos, me mantuve inquieta, gateando por la casa, caminando arriba y abajo de las escaleras, interactuando con objetos que me encontraba en casa de mi padre y creando historias con muñecas que proporcionó mi madre, y ultimadamente, gestando amistad con los habitantes de cuatro patas (los perros) que ya se paseaban por ahí. 

Si bien no fui una niña adoctrinada por la tecnología, si acostumbraba a ver televisión, la pequeña “yo” consumía caricaturas que tocaban temas de aprendizaje, danza, teatro, mundos fantásticos, animales, laboratorios, escuela, una variedad inimaginable debo decir, tal, que estimuló aún más mis ímpetus.

Retomando los eventos detonadores de mis actuales pasiones, mi primer acercamiento a la lectura fue gracias a mi abuelo, ya que él me proporcionó un acervo bibliográfico llamado "Enciclopedias para niños" provocando que me comenzara a hacer preguntas por minuto, buscando aprender a leer para descifrar que contenía esa colección, y de viva voz de mis cuidadores, yo exigía ir a la escuela, trataba de entidad viva al conocimiento construyendo mi cerebro como una biblioteca, reconociendo a los libros como algo sagrado. 

La impotencia de saber cada vez más a mi corta edad y de perseguir al entendimiento en contra de las capacidades cognitivas propias de mi niñez, me hizo hiperactiva, desconcertada de las razones por las que los adultos no eran capaces de responder mis preguntas, o si lo hacían, era de manera “muy simplista” según Camila de 4 años. 

¿Por qué debía cursar el nivel preescolar si todo me parecía demasiado obvio?, ¿por qué tenía tanto entusiasmo por el descubrimiento a comparación de mis compañeros? (¡hasta la fecha!), ¿por qué siendo tan pequeña de estatura quería alcanzar no solo el cielo, si no el espacio exterior? (aquel del que había leído y encontrado imágenes en las páginas de mis enciclopedias), ¿Por qué conectaba tanto con los animales y plantas si no se comunicaban conmigo? ¿Por qué todo necesitaba una respuesta? ¿Por qué? ¡¿POR QUÉ?! 

El arte

Mis tíos abuelos e incluyendo a mi abuela, se desempeñaron en actividades artísticas, desde pintores, músicos, orfebres, y fotógrafos. Destaco enormemente sus trabajos artesanos atreviéndome a decir que, ese legado que mantienen, impactó en la construcción de mi persona, ligándome inherentemente a la creación y alienándome a estas artes con mi parte, ya que contemplaba a estas figuras con admiración, respeto y asociándolos como ejemplos a seguir. 

 Desde los 5 años, las clases de teatro impartidas en mi colegio particular, representaban un gran gozo para mí, familiarizándome con los escenarios y reflectores, no fue que hasta los 11 años, empecé a tocar el violín, formando parte de las orquestas de mi curso, participando en conciertos y obras de teatro pero ahora como música, consecuentemente, a los 12 años, gracias a un profesor de inglés de la escuela secundaria, que destinaba un viernes para contarnos a los estudiantes reflexiones de temas personales, políticos, sociales, y culturales, se empezaron a emitir algunos destellos de lo que sería mi pensamiento crítico (algo más que necesario en el mundo posmoderno) 

 La espiritualidad 

 Un día, mi trayectoria académica y artística, dio un giro inesperado a mediados de una pandemia, cuando tomé con mis manos mi futuro y decidí, oponiéndome al camino trazado por mis parientes, arbitrariamente y a punta de regaños, inscribirme yo misma a la UNAM, recordando vagamente las rejas amarillas del CCH Azcapotzalco que en algún momento de mi infancia vi a través de las ventanas del auto, sin saber con exactitud dónde se situaba, pero, identificando la atracción tan fuerte que sentía a ese plantel, atándome a algo que me aguardaba, como si fuera parte de mi destino.

Es así que a los 15 años, entrándole a la mayoría de oportunidades ofrecidas por la máxima casa de estudios, ordené mis pensamientos en una página, y mandé una colaboración al naciente periódico “Goooya”, siendo ese preciso momento, un parteaguas para mi formación como escritora, donde valga la redundancia, escribí con tinta los siguientes pasos de mi carrera periodística. No fue hasta mis 17 años que acuñé la pasión por esa labor debido a mi editora Magda, que me ofreció su pluma al enseñarme, y su mano al orientarme a una lógica oriental frente a la ansiedad, y compasivamente, con ayuda de las bondades del budismo zen y el yoga, lo acepté e integré, dudando y creciendo. 

Como recién adulta, teniendo el papel que antes criticaba, mi habilidad de observación se agudizó, visualizando en los accionares más cotidianos un pretender de cuestionar y reflexionar, sintiendo gratitud por permitirme establecer un diálogo significativo con la realidad y aprender de ella. Los maestros están por doquier, ser vivo o entorno, y eso me explica, un acercamiento a cada parte inseparable del todo, una forma única de arte, un presagio de la expresión más pura del conocimiento. 

Comentarios

  1. Me encanta la forma en la que cada párrafo refuerza más y más el titulo de tu ensayo. Si eres un “alma vieja”. Si te interesa, busca el concepto “Wu Wei” para la vida, de los pensamientos de Alan Watts.

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    1. Justo quería poner en duda el concepto de "alma vieja" ya que se me hizo bastante cuestionable, debido a que yo no tenía una corriente filosófica con la cual reforzar esa idea, por lo que en mi vida al menos, se puede explicar esa concepción con mi crianza, desarrollo del pensamiento posterior y contexto en el que se sitúa la humanidad, que precisamente quería plasmar en este ensayo.

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    2. Entiendo. Quizás en la parte final perdí la imagen completa del ensayo. Podríamos decir, entonces, que el hecho de haber crecido en un ambiente que fomentó la reflexión y tu aprendizaje autodidacta puede que seas percibida como “sabia” sin necesidad de atribuirlo a algo metafísico. Es impresionante haber llegado a esa conclusión a tan corta edad, contrastando lo anecdótico con lo generalizable.

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    3. Así es, mi intención al redactarlo más allá de exponer un texto autobiográfico era también promover la crianza respetuosa hacia los niños, brindándoles las herramientas necesarias para desempeñarse correctamente en lo que deseen, promoviendo su sensibilidad y gestando desde casa seres conscientes de ellos y de su realidad, fomentando y protegiendo su creatividad e imaginación para que al llegar a la vida adulta no la pierdan y mantengan un respeto con el "todo" al que me refiero en el texto, la niñez es válida y en los infantes recae la importancia de quienes serán los que estarán en el mundo.

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