Memorial 2 de octubre 1968
El 68 no se olvida
Tlatelolco es un sitio histórico y emblemático para la palabra estudiante, este sitio tiene memoria, y el tan solo estar ahí refiere recordar con orgullo la lucha, intención de justicia que se vio mermada por acontecimientos violentos que NO describen y mucho menos encasillan la fortaleza del estudiantado, pero hay algo más allá, es necesario concientizar sobre los antecedentes de nuestra condición como estudiantes, conociendo nuestra historia para no estar condenados a repetirla.
Durante
todo el año hubo una serie de manifestaciones de la ciudadanía, específicamente
desde profesores hasta universitarios, considerando in periodo de protesta
extendido en su totalidad como el opuesta al autoritarismo que abundaba en la
época.
No
importaba de que escuela se trataba, de dónde proviniera el alumno era el
último factor de consideración, las condiciones eran las mismas, formar parte
del estudiantado. era la oportunidad indicada de ser equiparado a las acciones
de un delincuente, y evidentemente, obtener des-intencionadamente este título y
garantizar el mismo tipo de trato y persecución.
¿Las
demandas? Existían, pero no se nombraban, al menos no por las autoridades
gubernamentales, por lo tanto. era un hecho que se ignorarían y se haría caso
omiso ya que pues… "No estaban sucediendo", y lo que no se nombra por consecuencia no
existe.
El
panorama era desalentador, carente de sentido, pero los partícipes le dieron
forma, dirección y propósito. Independientemente del “quién” había un ¿cómo? un
¿dónde? la organización fue lo que detono lo que evidenciarían tras tener todo
en contra y riesgos más que latentes, inmediatos, represión continúa,
alimentada minuto a minuto, que no se detuvo hasta apagar el ímpetu activista
del año 68, o al menos es lo que intentó.
Con
la presencia de tantos colectivos, motivos, agrupaciones, es quizá una
percepción ignorante, aventurada y un trago amargo confiar ciegamente en las declaraciones
dadas por los potenciales perpetradores de crímenes, las figuras con cargos de
poder lograron su cometido, nublar las causas, los orígenes del conflicto, acabando
con cada testigo deformando la realidad y cometiendo injusticias sin la
posibilidad de documentarse.
Buscaban
reformas políticas y democráticas en México, tales como:
- Libertad a los presos políticos y un juicio justo.
- Derogación del artículo 145 del código penal (penalizaba la disolución social)
- Indemnización a las víctimas de la represión policial y militar.
- Desmantelamiento del batallón Olimpia, unidad de inteligencia militar que se había infiltrado en las universidades.
- Libertad de reunión, pedían el derecho a reunirse pacíficamente, expresar sus opiniones sin la interferencia del gobierno.
- Libertad de expresión: una prensa más libre que no estuviera sujeta a la censura gubernamental
Reflejaban
la lucha por derechos civiles, políticos y sociales en México, durante el
gobierno de Gustavo Diaz Ordaz caracterizada por el manejo violento que maquinó
durante su mandato, la represión de la disidencia tuvo tácticas para sofocar cualquier
forma de oposición, hubo detenciones arbitrarias, persecución de activistas y censura
y manipulación de los medios de comunicación, limitando la cobertura de eventos
críticos y garantizando que la versión "oficial" prevaleciera.
Juegos
Olímpicos
El
contexto de las próximas Olimpiadas en 1988 agregó presión al gobierno para
controlar las protestas y evitar que dañaran la imagen del país, la intención radicaba
en mostrar una imagen positiva al resto del mundo, las prioridades estaban claramente
distorsionadas, podemos sugerir que el enfoque excesivo en este evento llevó al
presidente a priorizar la imagen internacional sobre los derechos y
preocupaciones de su propia población.
¿Pero
por qué? En 1968, la urgencia de los presidentes por consolidar a México como
una potencia mundial se hizo evidente a través de una estrategia ingeniosa.
Durante la campaña de desprestigio hacia los manifestantes, se les tildó de
comunistas, aprovechando la manipulación mediática que asociaba el capitalismo
con el progreso y el socialismo con la fatalidad. Esta narrativa buscaba
asegurar la estabilidad y prosperidad del país en un escenario internacional
altamente competitivo. Sin embargo, la falta de apoyo político de otras
naciones para garantizar el éxito de los Juegos Olímpicos resaltó la fragilidad
de esta ambición.
La
manipulación arbitraria de los eventos deportivos fue una oportunidad para utilizarlos
como una plataforma para su agenda política mientras al mismo tiempo reprimía
violentamente a quienes buscaban reformas democráticas.
Si
bien, este suceso puede considerarse un factor desencadenante, existían
problemas más profundos en la sociedad mexicana, como la desigualdad, la
censura y la represión política, subyacían en la atmosfera social y en las
decisiones de los altos mandos. Inferimos que con otro evento de símil índole y
magnitud tal desencadenante de la brutalidad ya acumulada.
El
legado de la represión olímpica dejó cicatrices en la sociedad mexicana, estas
cuestiones aún resuenan en la actualidad en el contexto de la política y los
derechos humanos; no solamente fue la expresión deportiva del momento, si no
también un catalizador de las visiones corruptas del Estado manejado por el
Partido Revolucionario Institucional (PRI)
Operativo
Militar
El
gobierno llevó a cabo una conocida “Operación Galeana” para acallar las
manifestaciones que tenían lugar en la Plaza de las Tres Culturas en
Tlatelolco.
Durante
estas, los estudiantes portaban pancartas y banderas, así como también algunos
llevaban bengalas rojas y verdes, estas se usaban no solo para iluminar la
plaza durante la noche, sino igual como identificación visual y como muestra de
solidaridad, pero, asi mismo, el gobierno usó la presencia de estas como
pretexto para justificar sus acciones. Argumentaron que las bengalas eran un signo
de agresión por parte de los universitarios que representaban una amenaza para
la “seguridad” pública.
Inicialmente,
eran usadas como expresión de apoyo y aunque se tergiversó su significado, igualmente
se convirtieron en un símbolo ominoso de lo que estaba por venir; según los
periodistas extranjeros, el uso de las bengalas fue importante e impactante, ya
que indicaba que los estudiantes estaban decididos a hacer visibles sus demandas
ante el mundo. Algunos otros también podrían haber sentido una creciente
tensión en el aire al darse cuenta de que la situación podría escalarse y volverse
una tragedia.
Enfrentaron
la realidad de una protesta fidedignamente pacífica, los periodistas
desempeñaron un papel sumamente importante al transmitir lo que estaba
ocurriendo en ese momento crítico de la historia de México.
Hubo
un encubrimiento de la situación ya que el gobierno minimizó la magnitud de la
masacre y obstaculizó las investigaciones exhaustivas, evitó la señalización
del número exacto de muertes ya que estas varían según las fuentes, pero se estima
que cientos de personas fallecieron y miles resultaron gravemente heridas.
Es un hecho que el gobierno orquestó un
complot sinestro para ocultar la verdad al pueblo, tras la masacre este desplegó
un plan maestro de encubrimiento. El
presidente, en un acto que refleja una perturbadora falta de empatía y una indiferencia
psicopática, tomó la decisión de ocultar la magnitud de la tragedia ignorando
por completo la opinión de su consejo asesor, optó por hacer desaparecer a las
víctimas de diversas maneras macabras.
Cuentan
los testimonios de los sobrevivientes, que hubo cuerpos que fueron subidos a
aviones del ejército y arrojados al Golfo de México, otros, fueron llevados al
campo militar 1 a ser incinerados, más, tirados a las alcantarillas y, enterrados
en fosas comunes.
Esta
crueldad inhumana la maldad con la que se llevó a cabo esta operación
demuestran un desprecio absoluto por los derechos humanos y un inexistente
sentido de la democracia, se pronunció un discurso en el que expresó su versión
extra oficial de los eventos y defendió las acciones realizadas, minimizo su
gravedad y argumentó que las fuerzas de seguridad habían actuado en legítima defensa,
culpó a los manifestantes por los disturbios declarando actos de sabotaje y
ataque a las fuerzas armadas que solamente habrían respondido a las “provocaciones”.
En
un comentario sumamente insensible refirió la frase "No queremos muertos
ni heridos, queremos soluciones” por parte de familias desesperadas, a lo que se
le atribuye una respuesta con desprecio "¡ahí tienen a sus muertitos!"
durante una reunión con miembros de su gabinete, en general, la serie de comportamientos
han sido ampliamente citados y condenados socialmente y son criticados tanto en
México como en el extranjero.
Aunque
eso no fue suficiente, tras la trágica matanza de Tlatelolco, la respuesta de
los presidentes fue decepcionante, limitándose a mostrar una indignación
superficial en lugar de tomar acciones significativas. Esta coyuntura reveló la
priorización de la imagen de México en la escena mundial sobre la justicia y
los derechos humanos.
Esta
actitud contribuyó a la sensación de injusticia, inseguridad y falta de empatía
por el mínimo apoyo que se percibió, esto genero una mayor indignación por la
indiferencia ante el sufrimiento humano a pesar del llamado a la unidad y a la
reconciliación nacional, instando a todos los mexicanos a dejar de lado las
diferencias y trabajar juntos por el país.
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